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Chile: la hipocresía y el machismo a la orden del día

“Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía” (Ángel Ganivet)

Aunque le hago quite a los programas de farándula y todo aquello que se le vincule finalmente terminé enterándome del llamado “escándalo de la semana”: el video de Valentina Roth y Raquel Calderón.

Más allá de lo que aparecía en las imágenes (y que no tiene nada del otro mundo), me sorprendió la reacción de la gente. Harto comentario moralista, mucho chaqueteo y demasiado doble discurso, me confirmó una vez más qué tan hipócritas somos los chilenos.

No somos unas blancas e inmaculadas palomas; muchos hemos cometido errores y más de alguna vez nos hemos mandado un “condoro” que queremos borrar de nuestra historia. Entonces ¿con qué moral criticamos a Kel y Valentina? ¿Tan hipócritas nos estamos poniendo?.

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Y el mea culpa de la Concertación… ¿cuándo?

Me declaro parte de ese 48% de chilenos que, entre fines de 2009 y principios de 2010, buscó mediante su voto evitar que la Derecha llegase al poder. Si bien a la hora de sufragar muchos se inclinan por aquel candidato cuyas promesas de campaña mejor busquen satisfacer las necesidades -individuales y colectivas- que se estima deben ser resueltas con mayor urgencia, quiero pensar que el electorado tiene también en vista cuestiones más de fondo, principalmente de naturaleza ideológica, al momento de tomar la trascendental decisión de optar por uno u otro candidato.

Cuando hablo de “ideologías” no pretendo con ello referirme a adoctrinamientos político partidistas, sino que al simple ejercicio de evaluar qué tipo de conducción estadual nos parece más propicio y nos identifica más: si acaso uno más social y solidario, o bien, otro de corte más individualista. Tanto aquí como en la quebrada del ají, un gobierno de Derecha es radicalmente distinto de uno de Izquierda, y no hay que ser experto en Teoría Política para advertir aquello.

En lo que a mí concierne, cada vez que me ha tocado ir a las urnas en elecciones presidenciales he intentado ser consecuente con lo anterior. Opto por aquellos candidatos que ofrecen un programa realista y viable, encaminado a la solución de las más urgentes necesidades de la población (muchas de las cuales obviamente me empecen), pero también tomando en cuenta que existen ciertos valores y principios que me identifican, y que estimo deseable sean los que determinen la forma en que se conduce el país.

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Ministros “presidenciables”: Disimulen un poquito

¿Será posible que, a estas alturas del partido, a alguien le impresione ver a uno o varios Ministros de Estado utilizando sus respectivas carteras como plataforma de una eventual carrera presidencial?. Quizás ya a nadie le impacte, pues este fenómeno no es exclusivo de este Gobierno y se ha dado también en períodos presidenciales de la Concertación. Sin embargo, no recuerdo a Lagos en Educación y Obras Públicas, o a Bachelet en Salud y Defensa manifestando tan pública y abiertamente su aspiración de competir por la Primera Magistratura.

Teniendo en cuenta que nuestra Constitución Política no contempla la posibilidad de reelección inmediata, es lógico que la facción gobernante se esmere en potenciar delfines, continuadores de la “obra” realizada por ella. Y sí, digo “obra” así, entre comillas, pues creo que los votantes ya no se compran con tanta facilidad la pomada de “trabajar por el bien común” como fundamento de ese afán por acceder al poder, cuestión que se explica por sí misma en base al descrédito en que ha caído la clase política.

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Las “Piñericosas” ya no me causan gracia

Recuerdo que hace un par de años, cuando ya fue un hecho que el candidato de la Derecha a las Elecciones Presidenciales de fines de 2009 era Sebastián Piñera, a modo de broma dije a mis amigos: “si sale electo este señor, me voy al exilio”. Mi fe en sus capacidades como eventual gobernante era nula, pues por más éxitos que como empresario hubiere logrado (muchos de ellos, ciertamente cuestionables desde mi personal perspectiva), soy de la idea -al igual que muchos- que gobernar un país no tiene nada de similar a administrar una empresa.

Un par de meses después, al momento de conocer los resultados de la Segunda Vuelta, formulé una nueva declaración: “Este señor se va a mandar muchos ‘condoros’. Me voy a comprar un cuaderno, y cada mañana recortaré de los diarios todas las notas que encuentre con sus ‘pastelazos’. Al final de su mandato publicaré un libro, similar al de ‘Bushismos’ editado en USA, y me haré millonaria”.

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Mamá, cuando grande quiero ser Senador

“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”

Y pasó. Nuevamente, la clase política lo hizo de nuevo. Sin avisarle a nadie (obvio) se asignaron un aumento de 2 millones de pesos para sus asignaciones parlamentarias. Antes de este aumento, en promedio, cada senador recibía alrededor de 9,3 millones de pesos en asignaciones. Al subirse 2 millones hablamos de un 20% más para el fondo monetario que tendrá cada uno y que podrán gastar bajo rendiciones, facilitando su labor senatorial. Pregúntese usted, ¿Qué haría si le subieran su sueldo en 20%? Aquí me podrán decir “oye, no es un aumento del sueldo, son las asignaciones, que además se rinden”, y tendrían mucha razón, pero cuando uno ha visto las “magias” que se pueden hacer para rendir un ítem, créanme que a nuestros honorables senadores no les costará nada juntar alguna boletas que sirvan para rendir esos 2 millones extra. Pero sabe que, yo no critico que a los parlamentarios de nuestro país se les de plata para asignaciones. Ellos tienen un trabajo importante que hacer, y para eso, tienen que incurrir en gastos varios. Pero, hay cosas que a uno simplemente no le cuadran.

Partamos desde el principio. Primero, quiero felicitar a los parlamentarios de nuestro país. Para los que dicen que son “estúpidos”, no podrían estar más equivocados. Estos honorables decidieron crear un poder independiente a ellos, externo, que le llamaron comisión. ¿Qué haría este grupo de eruditos? Ni más ni menos que evaluar los aumentos monetarios que “sufrirían” los parlamentarios. ¿Entendió la movida maestra? Se la explico. Al tener un organismo externo, “independiente”, los parlamentarios pueden alegar inocencia, pero al mismo tiempo, no pueden hacer (mejor dicho, no quieren hacer) nada para evitar lo que se decida en dicha comisión, por lo que tendrán que (lamentablemente) aceptar lo que digan. Y si el pueblo se enoja, ¿qué dirán los honorables? “la decisión no fue nuestra, fue de la comisión externa”. Brillante, por decir lo menos.

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Asesinado por alternativo

Chile a veces me sorprende, y los chilenos aún más, y desde mi atalaya de mujer “open-minded”, tolerante y comprensiva no puedo, sencillamente no puedo, entender por qué hay gente enferma que deambula por las calles de mi ciudad asesinando personas que ellos consideran “Inferior”… Y lo peor de todo es que las autoridades no hacen nada y les tiembla la mano para aplicar justicia, para hacer justicia, para tener justicia. Y aparte de eso, es urgente hacer conciencia que los seres humanos debemos aprender a vivir en paz con las diferencias. Que la diversidad no es una amenaza, es un hecho de la vida simplemente y debemos entender de una buena vez que todas las personas – TODAS!!! – MERECEN respeto y un trato justo. No importa si viene de etnias diferentes, de pensamientos políticos contrarios, de opciones sexuales diferentes, de niveles socio-económicos diversos. TODOS DEBEMOS TENER CABIDA EN CHILE!!!

Ya basta de seguir viviendo bajo la tiranía de los PRE-juicios, de los dobleces de estándar, de las incongruencias y compadrazgos políticos! Ya no están los tiempos para hacer de este país una pseudo república, un mini-feudo flaco y esquelético. ¡YA BASTA! Otorguemos las mismas oportunidades, seamos tolerantes, bondadosos y respetuosos por favor!!!! Este país tan bello merece otro tipo de ciudadanos: Más comprometidos, más leales y más íntegros!

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En la Retina: Respeto, instituciones y autoridades

Respeto, instituciones y autoridades
Por Sergio Villegas

La histeria hipócrita fue mayor tras la toma de las dependencias del Senado por un grupo de alrededor de 50 personas, en el ex Congreso Nacional en Santiago, el pasado 20 de Otubre. En los pasillos de las honorables instituciones se chillaba sobre el daño al país y a la democracia y en contra de la anarquía y el “Trotzkismo Internacional”, peligros ante los cuales podría sucumbir la Nación.

Obviamente que en democracia es esencial el respeto del ciudadano hacia sus instituciones y autoridades. Hasta ahora, al menos, no hemos evolucionado aún a un estado de conciencia e inteligencia colectiva superior que nos permita concebir o aprender mecanismos que regulen y ordenen sin ellas nuestro convivir como sujetos sociales y comunitarios. Pero el asunto se torna hipócrita cuando los que exigen respeto se olvidan que, obviamente, este requiere de reciprocidad y que las instituciones, tanto como las autoridades, deben estar a la altura de las exigencias y los anhelos de sus ciudadanos, que en definitiva son los que las mantienen.

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