Las “Piñericosas” ya no me causan gracia

Recuerdo que hace un par de años, cuando ya fue un hecho que el candidato de la Derecha a las Elecciones Presidenciales de fines de 2009 era Sebastián Piñera, a modo de broma dije a mis amigos: “si sale electo este señor, me voy al exilio”. Mi fe en sus capacidades como eventual gobernante era nula, pues por más éxitos que como empresario hubiere logrado (muchos de ellos, ciertamente cuestionables desde mi personal perspectiva), soy de la idea -al igual que muchos- que gobernar un país no tiene nada de similar a administrar una empresa.

Un par de meses después, al momento de conocer los resultados de la Segunda Vuelta, formulé una nueva declaración: “Este señor se va a mandar muchos ‘condoros’. Me voy a comprar un cuaderno, y cada mañana recortaré de los diarios todas las notas que encuentre con sus ‘pastelazos’. Al final de su mandato publicaré un libro, similar al de ‘Bushismos’ editado en USA, y me haré millonaria”.

Si bien creo que el tiempo me dio la razón, tanto en cuanto a mis resquemores relativos al fondo mismo de conducción de país, como a los aspectos más anecdóticos e incluso jocosos de la misma, fallé en mis propósitos: no me fui al exilio (no obstante debí hacerlo) y no compré el cuaderno en que pensaba plasmar los “Piñerismos” que presentía se venían en avalancha, perdiendo con ello una oportunidad de negocios única.

En un principio, los famosos lapsus presidenciales me resultaban graciosos, e incluso llegué a pensar que, humanizando al Presidente, podrían generar una mayor empatía entre él y la ciudadanía, pues estamos claros que el carisma no fue uno de los factores claves en su elección. Sin embargo, los numerosos conflictos sociales y las legítimas demandas de la ciudadanía, que día con día aumentaban en número, en simpatizantes y en fuerza, sumado al mal manejo que de ellos ha hecho el Gobierno de turno, hicieron que las mentadas “Piñericosas” dejaran de ser algo meramente anecdótico.

Cuando los resultados de las encuestas que evaluaban la gestión del Gobierno en general y del Presidente en particular comenzaron a caer en picada, escuché a Tomas Mosciatti decir que el problema de Piñera era que la gente no lo quería. No estuve de acuerdo con él en esa afirmación: un Presidente, para cumplir de manera óptima con su mandato, no debe necesariamente ser querido… es más, el ser querido suele ser consecuencia (y no antecedente) de una buena gestión. A mi entender, el problema de Piñera no es que la gente no lo quiera, sino que la gente no le cree, y lo que es peor, ya no lo respeta… y eso, para un Presidente de la República, es grave, a pesar del discurso memorizado del vocero de turno en virtud del cual se afirma persistentemente que “el Gobierno no trabaja para las encuestas”.

Las “Piñericosas” ya no me dan risa. Y si bien “The Economist” trató a Piñera de “inepto” por su incapacidad política y no por sus lapsus de variada índole, dos ineptitudes son siempre peor que una sola. Que Dios nos pille confesados.

Escrito por @LaGuacolda

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Una respuesta a “Las “Piñericosas” ya no me causan gracia

  1. El gran error y deficiencia de Piñera en estos años de gobierno ha sido traicionar a quienes le dieron su voto y gobernar con ideas y filosofia de izquierda, ideologia ampliamente fracasadas en todo el mundo. La gente que votó por él deseaba por fin la puesta en práctica de las politicas de derecha que condujeron a Chile al boom de fines de los años 80.

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