Archivo de la categoría: Caleidoscopio

Caleidoscopio: Ley de Transparencia: un buen comienzo

Ley de Transparencia: un buen comienzo
Por @LaGuacolda

El ejercicio del poder por parte de cualquier autoridad debe llevar necesariamente aparejada una responsabilidad correlativa. Un poder ejercido sin control y sin límites genera un efecto totalmente contrario al buscado al momento de ser delegado por quien es titular de la Soberanía: el pueblo. Si bien siempre existe la posibilidad de que una autoridad “se arranque con los tarros”, tal idea repugna a la esencia misma del concepto de poder, pero lamentablemente en el inconciente colectivo existe cierto grado de permisividad al respecto.

Por fortuna, hay mecanismos para mantener algún control en este tema, aunque todos ellos son perfectibles. La función fiscalizadora de la Cámara de Diputados es un ejemplo de aquello, toda vez que si bien una de sus principales tareas es vigilar los actos emanados de los órganos de la Administración Pública, muchas veces la efectividad de tal labor se ve restringida por consideraciones de orden político, pues no resulta frecuente que los parlamentarios pertenecientes a la coalición gobernante (cualquiera que ésta sea) desaprueben el actuar de sus correligionarios.

Tanto es así que, en ocasiones, es casi irrisorio ver cómo dos sectores políticos distintos pueden tener una óptica tan dispar respecto de un mismo evento, siendo para algunos un atentado en contra de los intereses de la ciudadanía, y para otros, un acto que eleva al Presidente de la República a la categoría de estadista… y ni hablar de los argumentos de fondo en los que se sustentan dichas visiones: hace mucho tiempo no advierto tras ellos ni el más mínimo atisbo de la idea de “bien común”, que se supone mínimo común denominador en la doctrina y discurso de todos los sectores políticos.

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Caleidoscopio: Soy intolerante… ¿y qué?

Soy intolerante… ¿y qué?
Por @LaGuacolda

Siempre me ha generado suspicacia la gente que se define tolerante, y utiliza tal adjetivo como el primero y más trascendente de lista de virtudes que adornan su autodescripción. Tanta ligereza me abruma, pues apostaría que muchos de ellos no tienen siquiera claro el alcance de ese concepto, y otros tantos, si bien pueden tenerlo, al parecer estiman que dicha comprensión es suficiente, y que una conducta en consecuencia no resulta tan necesaria. Estos últimos, los «demagogos» del respeto al prójimo, son los que más temor me generan.

Y aún más: ya la propia palabra «tolerancia» me parece contradictoria en sí misma. No deja de ser curioso que la expresión que se utiliza para referirse al respeto por las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes a las propias, sea una expresión que más bien refleja una aceptación de mala gana y con desagrado que otra cosa.

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Caleidoscopio: La Constitución de 1980 y su Soberanía “de cartón”

La Constitución de 1980 y su Soberanía “de cartón”
Por @LaGuacolda

“Chile es una república democrática”. Sí. Tal como Ud. lo lee. Así define la Constitución de 1980 – en su artículo 4° – a esta larga y angosta faja de tierra. Y a renglón seguido, en el artículo 5°, sin el menor asco declara: “La soberanía reside esencialmente en la Nación. Su ejercicio se realiza por el pueblo a través del plebiscito y de elecciones periódicas y, también, por las autoridades que esta Constitución establece (…)”.

Sí. Ud. leyó bien. Dije “sin el menor asco”. La Constitución de 1980 es, a mi juicio, la mejor muestra de aquella frase popular que tan sabiamente dice “el papel aguanta mucho”, porque hay que ser bien cara de palo para declarar – ni más ni menos que en la Carta Fundamental – que la Soberanía radica en la Nación, siendo que en los hechos, la Nación jamás ha tenido la más mínima posibilidad de intervenir en la discusión y elaboración de las normas fundamentales que regirán su vida en comunidad. Siendo así, tal declaración no pasa de ser una bonita frase y, en consecuencia, el calificativo de “democrático” que se le atribuye a este Estado parece más un chiste cruel que otra cosa.

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Caleidoscopio: Chile: Una democracia mentirosa, eufemística y precaria

Chile: Una democracia mentirosa, eufemística y precaria
Por @LaGuacolda

Mucho se ha escrito respecto de aquella particular característica de la sociedad chilena, en virtud de la cual solemos utilizar expresiones suaves e inofensivas para describir una realidad cruda y desagradable. “Eufemismo”, le llaman.

A primera vista, pudiera decirse que se trata de una práctica inofensiva, o incluso, meramente estética, considerando que el chileno suele ser pobre en el uso del vocabulario, no obstante la riqueza de la lengua castellana. Sin embargo, a mi entender, toda expresión eufemística no es más que un intento por evadir la responsabilidad que a la propia sociedad creadora y usuaria de tal lenguaje le compete a la hora de modificar las realidades que se esconden tras dichas construcciones lingüísticas.

El eufemismo y, en general, toda expresión políticamente correcta reduce el impacto de la imagen mental que se evoca al utilizarla, camuflando la muchas veces cruda realidad de que da cuenta. Lo anterior resulta particularmente grave tratándose de cuestiones de naturaleza política y social. En ambos temas, el eufemismo no solo es evasivo, sino que busca derechamente esconder vergonzosas realidades. Frases como “personas en situación de calle” son el mejor ejemplo de esta idea.

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