Mujer de 30: Happiness is a warm gun

Happiness is a warm gun
Por Lady Blue

Estaba pensando en cómo escribir una columna, más bien liviana, sin dejar de lado el tema de la crisis en la Educación (o crisis política o social, a estas alturas) que llena los noticiarios, diarios y conversaciones en estos días.

Pensando en eso, llegué a la figura de Camila Vallejo, quien en unos años más, perfectamente podría ser personaje de esta columna. Pero faltan unos años. Masticando el tema, recordé la columna de Rodrigo Guendelman sobre ella, donde mencionaba lo cautivante e inalcanzable que es esta mujer, al ser inteligente, empoderada y especialmente bella. Y, sin querer queriendo, llegó a mis manos un diario gratuito donde una mujer (que sí entra en la categoría de esta columna) se preguntaba de qué le había servido su inteligencia, si a los treintaitantos acumulaba tanto desencantos como pequeños triunfos, cuando se suponía que al ser inteligente tenía el camino pavimentado a la felicidad.

Entonces, mi cerebrito sumó y acá está el resultado: cómo ser mujer, inteligente y guapa, y llegar a los 30 en plena capacidad. Dicen que uno de los mayores atractivos de la dirigenta de la Confech es que nunca sonríe. Que prácticamente no puede hacerlo porque se desvirtúa toda su inteligencia. A ver, es cosa de ver la foto de perfil de Twitter de Camila para verla sonriendo. Y con esto arriesgo comentarios pesados: déjenme decirles que su sonrisa no es para andar luciéndola. Más le resta que le suma. Para qué nos vamos con cosas. No creo que una mujer sonriente sea sinónimo de mujer tonta. La inteligencia no se mide por nuestro sentido del humor. Así que si usted se considera inteligente, no es necesario que ande como “oliendo caca” por la vida. Si tiene ganas de sonreír, hágalo, y cuide su sonrisa que harto que hacen falta personas mostrando los dientes. No tenga miedo a parecer “tonta”, que eso se mide por otras cosas.

Dice la columnista del diario gratuito que sacaba buenas notas en el colegio y en la universidad, que era líder natural y que leía 5 libros al año, por lo que calificaba a lo que la media conoce como persona “inteligente”. Buenas notas se sacan estudiando mucho, el liderazgo puede ser hereditario y leer 5 libros al año es ¡poquísimo! (uno cada dos meses, ¡por favor!). Niñas que quieren parecer inteligentes, atención: no es necesario que anden con libros bajo el brazo. Relájense, porque además, leer 5, 10 ó 20 libros al año, no las hace más inteligentes. Chúpense esa.

Definir “inteligencia” es tan difícil como medirla. Entonces, mi consejo, más que andar haciendo relucir la carencia o exceso de ésta es dejar todo de lado y ser feliz. No es fácil ser mujer, eso está claro, entonces ¿para qué perder tiempo y energía en demostrar que una es más que una cara bonita o un cuerpo atractivo? Si te tocó la suerte de ser linda, disfrútalo. Si tienes un CI elevado, ocúpalo. Y, sobre todo, canaliza tus encantos y conocimientos en alcanzar la felicidad, que eso sí que no es gratis. Puedes ser la mujer más linda del Universo, quizás la más tontorrona, o tal vez la genialidad del siglo XXI… pero todo eso no basta para ser feliz.

Ése es mi consejo de mujer de 30, divorciada, sin hijos, vuelta a enamorar, profesional y feliz.

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