Mujer de 30: Arroz con leche

Arroz con leche
Por Lady Blue

Cuando yo era niña, siempre fui muy mamona. Terrible. Era profundamente celosa de todo lo que tuviera que ver con mi madre. Incluso con sus novios post-separación. Yo era capaz de quedarme dormida, volando en fiebre, para evitar que ella saliera. Patológicamente mamona. Cuando mi madre conversaba conmigo al respecto, me decía: “Hija, ¿por qué no quieres que yo rehaga mi vida? ¿Quieres que llegue a viejita sola?” y yo, fiel a mi estilo, le respondía: “Nunca te voy a dejar sola”. “¿Cómo? Hija, te vas a casar y te vas a ir”, me decía riendo. Y yo, firme como una roca: “No, mami, nunca me voy a casar. Siempre voy a estar contigo”.

Menos mal mi madre no me creyó, y se volvió a casar cuando encontró al hombre adecuado. Porque mientras fui creciendo, me di cuenta de que genéticamente estaba predeterminada a un profundo deseo: casarme. Sí, yo soy de las que creen que las mujeres nacemos con el vestido de novia en la cartera. Y no culpemos a las novelas rosa o a los cuentos de hadas. No. Todas las mujeres, rudas o rosadas, rebeldes o pernas, mamonas o paponas, todas, todas, en algún momento de nuestra vida post infancia, queremos casarnos. Claro que los motivos son los que cambian.

He conocido mujeres independientes que se desviven porque les regalen un anillo, otras ultra convencionales que esperaron casarse para perder la virginidad, otras que aún esperan sentadas que las llamen después de una cita. Y todas quieren casarse. ¿Yo? Digamos que ya vengo de vuelta.

Todas las mujeres queremos ser protagonistas de nuestra propia fiesta. Queremos ser las más lindas, las más admiradas, las más amadas. Y eso se reduce en una fiesta de matrimonio. Sii de verdad amas a alguien, no es necesaria una fiesta, un vestido, un diaporama. No. Puedes casarte sin todo eso. De hecho, creo que para los hombres sería mucho más fácil así. Pero no, para nosotras las mujeres la forma vale tanto como el fondo.

Así era mi punto de vista hasta que llegó a mis manos “Comprometida” de Elizabeth Gilbert, el libro que es como “la segunda parte” de “Come, reza, ama” (que fue película con Julia Roberts de protagonista). En él, la autora hace una especie de ensayo sobre el matrimonio, puesto que tiene que casarse para poder seguir su relación con el brasileño del que se enamoró en Bali. Y una de las conclusiones era que el rito del matrimonio, es decir, la fiesta y toda la parafernalia no se hacía para validar el compromiso de los contrayentes entre ellos, sino que era para los demás: se marca el inicio de una nueva pareja, una nueva familia. Y para eso no hace falta un vestido blanco.

El rito, el compromiso de la pareja no es el que se hace frente a Dios y a los demás. Ése se hace aparte. Y sin ese compromiso, no hay fiesta ni ceremonia que valga. Porque te puedes casar con el vestido más lindo, tener la comida más rica, los tragos más abundantes, la mejor música. Pero si no estás comprometido a vivir amando y respetando al otro por el resto de tus días, nada va a servir.

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2 Respuestas a “Mujer de 30: Arroz con leche

  1. Daniel Arellano

    Concuerdo contigo en que el matrimonio es el rito para formalizar la relación en sociedad y que no tiene que ver con el amor existente en las parejas. Dos personas que se aman pueden ser felices sin necesidad de papeles o de rituales.
    Saludos

  2. Me produce un conflicto tu post, basicamente porque partes afirmando que TODAS las mujeres viven para el dia de su matrimonio (lo cual SE no es cierto, ya que hoy en dia habemos un considable porcentaje que no queremos casarnos, detestamos la idea de la famosa fiesta o simplemente no creemos en el matrimonio). Ademas tu aseguras ser una de las que suena con ir al altar vestida de blanco siendo la reina de la fiesta, pero despues te desdices en tu frase final, donde cierras bruscamente un tema que daba para profundizar y debatir pero que se da como una simplona contradiccion alguien que solo repite lo que esta de moda. Sorry si suena duro, pero asi se lee.
    Si bien es cierto estoy de acuerdo con tu frase final, siento que el tema da para mucha mas profundizacion por todos los aspectos que toca, las aristas que se producen en las distintas opiniones que hoy la gente tiene del matrimonio. Por ejemplo: porque han bajado tanto la taza me matrimonios y subido las de hijos “naturales” nacidos junto con la convivencia sin papeles?.
    Siento que no solo en este tema, sino en el debate en general que la sociedad chilena esta teniendo se debe dejar de repetir lo que otros dicen y comenzar a pensarlo, filtrarlo pero, por sobre todo, reconocerme a mi mismo y ser capaz de saber lo que quiero para, a partir de ahí, formar mi opinion sin estar pendiente de lo que los otros dicen o de lo que la sociedad espera de mi.

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