Letras Kiosqueras: Gonzalo Rojas

Gonzalo Rojas
Por Daniel Arellano

Escribir sobre el gran poeta nacional fallecido este lunes a los 93 años de edad no es fácil cuando tu fuerte no es la poesía ni fuiste un gran lector de Gonzalo Rojas. De hecho no recuerdo tener ninguno de sus libros en mi biblioteca, pero su deceso amerita preguntarse porqué fue tan importante en la literatura chilena. Trataré de dar una respuesta.

Quizás el solo decir que fue Premio Nacional de Literatura además de ser galardonado con el Premio Miguel de Cervantes, el más importante de la literatura hispana, permita darnos una dimensión de lo que fue el escritor. Aclamado más en el extranjero que en Chile (cosa algo normal con nuestros escritores), su obra fue traducida a idiomas tan diversos como inglés, alemán, francés, portugués, ruso, italiano, rumano, sueco, chino, turco y griego.

Encubrado a la misma altura de ese otro gran poeta de esta tierra, Nicanor Parra, Rojas logró cautivar a sus lectores a través de una obra por la sensibilidad del lenguaje y su acercamiento al amor con toques eróticos. No dejó de lado, como hombre de izquierda y crítico, la sensibilidad social. Incluso participó en el gobierno de la UP como embajador, encontrándolo el Golpe de Estado de 1973, mientras ejercía como representante chileno en Cuba, viviendo en el exilio hasta 1979. Pero esa no fue la única faceta ya que la docencia universitaria también estuvo muy presente en su vida. Un hombre multifacético y curioso, como vemos.

Si bien no fue un autor tan prolífico, sus textos permanecen vivos y muy saludables a estas alturas del siglo XXI. Atrás quedan las críticas no muy positivas de su primer libro La Miseria del Hombre (1948), aunque los poetas adoraron esta publicación.

Creo que para una buena parte del público, incluyéndome, será una buena oportunidad de acercarnos más a la obra de Gonzalo Rojas. Un grande que puede ser desconocido para muchos pero que está encubrado con los más grandes de la literatura latinoamericana y de la poesía chilena. Somos nosotros, los lectores, quienes estamos llamados a que su obra siga viva por la eternidad.

¿Qué se ama cuando se ama?

¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios:
La luz terrible de la vida o la luz de la muerte?
¿Qué se busca, qué se halla, qué es eso?
¿Amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes,
O este sol colorado que es mi sangre furiosa
Cuando entro en ella hasta las últimas raíces?

¿O todo es un gran juego, Dios mío, y no hay mujer
Ni hay hombre sino un solo cuerpo: el tuyo,
Repartido en estrellas de hermosura, en partículas fugaces
De eternidad visible?

Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra
De ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar
Trescientas a la vez, porque estoy condenado siempre a una,
A esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso.

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