El Kiosco Sangriento: Dulces sueños

El Kiosco Sangriento: Dulces sueños
Por Doctor Blood

Recurrente sueño viene a él, contra él, y que todas las noches se transforma en pesadilla. Más de diez semanas lleva en lo mismo; su sueño no es descanso ni su noche placentera. Y cada vez que intenta despertar el sueño se hace más y más profundo, y la pesadilla más y más vívida…

Es un lugar desconocido, no le ve entorno de importancia (de hecho, no recuerda haberse fijado en dicho entorno). Una mujer viene con ropa de verano, algo así como un vestido. Trae en su rostro una sonrisa de satisfacción y alegría, y en los brazos un gran ramo de rosas blancas. Se aproxima a él, y le entrega las rosas. Cuando las ve en sus brazos, están rojas… cuando de nuevo la mira, ella viste un riguroso negro, lágrimas corren por su rostro, y su mirada es de odio. Un ruido ensordecedor llena un su cabeza, y alcanza a escucharla entrecortada “tú me le quitaste… yo te la doy en pago…”. Al mirar nuevamente el ramo, sus flores están negras, y sus manos secas, como de anciano… y despierta bañado en sudor. Un par de noches intentó tomar algo para no dormir, pero pese a ello no logró mantener la vigilia…

Él era uno de los mejores agentes de inteligencia militar de su país. Luego de diez años cumpliendo misiones, ahora se dedicaba a formar a los nuevos espías. Era temido y odiado por su fiereza y sangre fría, pero todos querían aprender de él. Trabajaba hace cuatro años con una asistente, también militar, pero que cumplía funciones de apoyo: hacía planos, conseguía informaciones, guiaba seguimientos, preparaba documentación, todo para que él entrara, ejecutara y saliera libre de polvo y paja. Cuando jóvenes, antes de entrar al ejército, habían tenido una aventura, pero había quedado en el pasado y ellos la mantenían ahí.

El último grupo que entrenaba llevaba diez semanas de preparación, y ya estaban listos para salir a una pequeña misión de seguimiento. Dentro del grupo destacaba una joven por su obediencia irrestricta de cualquier orden que se le diera. Ella lo acompañaría en el primer vehículo. Y la sujeto de la misión sería su asistente; era experta que no dejarse encontrar y en crear pistas falsas. La joven condujo el vehículo por varias callejuelas que, según su hoja de ruta, estaban dentro de las pistas reales. De pronto se desvió un poco del camino, pero sin alejarse del sector; al parecer estaba tomando un atajo. Luego de mirar su GPS endereza la cabeza, y un estallido en su cara le hace perder el conocimiento…

Despierta luego de un rato adolorido, sabe que su nariz está quebrada, siente aún la sangre correr; está amarrado a una silla de pies y manos. Quien lo tiene cautivo sabe que hace: potentes focos bloquean su mirada y una ensordecedora mezcla de músicas no le permiten escuchar nada.

Sin ninguna señal previa, la música se corta y las luces bajan. Una mujer con vestido de verano se acerca a él: su asistente, con una sonrisa dibujada en su rostro, lo mira satisfecha:

-¿Sabes cuántos años llevo esperando esto? ¿Te imaginas todo lo que he hecho por ti, y debí llegar a este extremo para encararte?

No entendía nada, pero debía ver cómo escapar. Lo primero era no entrar en el diálogo: tal vez ella era un agente doble, y no estaba dispuesto a revelar nada.

-Nos conocimos en el colegio ¿recuerdas? En cuanto te vi me enamoré… pero no fui más que otra más en tu cama… pero no importó. Me metí al ejército para estar contigo, y no me veías… me metí a inteligencia por ti… y nada. Me convertí en una asesina tal como tú, para mostrarte mi amor y fidelidad sin límite, y no resultó… vine aquí como cualquier niña con mi inocencia, y me la quitaron…, no, ¡tú me la quitaste!- esa frase… el vestido, la sonrisa… algo estaba mal…

-Mi conciencia estaba limpia, ahora está bañada de sangre en tus manos… todo por ti… – conciencia blanca… que se pone roja en sus manos… ¿qué viene ahora?

-Pues bien, ahora te toca recibir. Si… después de toda tu indiferencia, y de convertirme en lo que soy… ¿no te parece raro lo de la agente nueva, la facilidad con que te aturdió?, ¿su cara no te dice nada?-esos ojos se parecían a los suyos, y su cuerpo era similar a… no, era imposible…

-Sí maldito, es tu hija… ahora yo te la doy en pago por no quererla, y por matarme en vida…

Tras los focos se aproxima la joven, vestida de negro, quien lo rocía de bencina y le prende fuego. Mientras se quema y antes de morir, ve sus manos negras y secas por las llamas…

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2 Respuestas a “El Kiosco Sangriento: Dulces sueños

  1. Daniel Arellano

    Muy buen cuento Doc. No me hubiera imaginado el final, de verdad
    Saludos

  2. Creo que es uno de los relatos más extraños que he hecho.

    Saludos sangrientos

    Blood

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