Segunda Opinión: El articulo de La Segunda censurado por el MINSAL

Lo que les presento en esta oportunidad es un reportaje que el martes 1 de Febrero presentó el diario vespertino La Segunda sobre la situación de los hospitales en la zona del terremoto del 27/02. Poco después de publicado en Internet fue retirado de los titulares del sitio del diario. Según rumores que circulan en Internet esto habría sido solicitado por el equipo de comunicaciones del Ministerio de Salud.

En algunos mails que circulan en internet se indicaba que “el reportaje fue situado en una ubicación casi imperceptible y desde la página, a primera vista, no se puede acceder a la versión en papel digital que regularmente manejan estos medios y te permiten leer la edición impresa”.

Cual sería el problema que tuvo el MINSAL con este reportaje?: La información de que los daños estructurales son tales, que solo en 2 a 3 años más se podría volver a la normalidad en esa zona, a nivel de atención en salud pública. Esto, sumado al ya conocido Bono AUGE, sería un escenario ideal para que el ministro Mañalich aumente, según sus detractores, la privatización de la salud pública chilena.

Es por eso, entonces, que les presento este reportaje, para que lo lean, se informen y formen su propia opinión. Agradezco a Antonio Pereira (deletrealopo) quien subió este reportaje a Internet para información de quienes quisieran hacerlo y que ahora reproducimos acá.

Daniel Arellano
Director Kiosco Bloggero

Hospitales terremoteados sobreviven con “CAMAS
CALIENTES” y éxodo de personal

Recorrido de La Segunda por Curicó, Talca, Parral, Cauquenes y Constitución arroja dramático balance. Muchos médicos se han ido ante la falta de infraestructura. Con carpas, containers y módulos intentan superar las carencias. Almacenan sustancias tóxicas en pasillos.

por: José Manuel Alvarez, La Segunda

Cuentan en el hospital de Curicó que la única favorecida por la caída del antiguo edificio durante el terremoto del 27/F fue Carlita.

Ella es una joven que recibió una bala loca hace 7 años y que quedó tetrapléjica. En este lapso había estado internada en una de las camas “críticas” conectada a un respirador y se había pedido insistentemente su traslado a un centro especializado de rehabilitación en Maipú, pero no se logró un cupo. Tras el terremoto, la joven fue finalmente admitida y ahora se encuentra en tratamiento para aliviar sus dificultades.

El cataclismo no sólo destruyó la infraestructura hospitalaria en las regiones del Maule y el Bio Bio, tornando muy difícil el trabajo cotidiano, sino que también generó hacinamiento, precariedad, dispersión de servicios, condiciones laborales extremas, éxodo de una cincuentena de médicos, enfermeras y personal especializados.

En Curicó las parturientas tienen que ocupar “camas calientes”, que se desocupan y se ocupan de inmediato en la maternidad, y los post operados se recuperan en lo que fue un pasillo.

En Talca hay escasez de suero porque hay líos con los proveedores a los que se les debe plata y se restringieron las horas extraordinarias del personal. Y en Cauquenes hubo que retirar la carpas pues los ratones corrían encima de los pacientes.

Constitución funciona con bastante normalidad, pero el 27/F alguien se llevó todos los anticonceptivos, condones y dispositivos intrauterinos.

No todo es malo. Los funcionarios han enfrentado la tarea con espíritu de entrega que, en todo caso, ya empieza a pasar la cuenta. Asimismo, poco a poco comienzan a levantarse modernos hospitales modulares de última tecnología, en una primera etapa, y los definitivos, que estarán operativos en un plazo de 3 a 4 años.

TALCA con el corazón dividido y rebaja de horas extraordinarias

El Hospital Regional de Talca, ya vapuleado por distintos escándalos como el de las guaguas cambiadas, resultó inhabilitado en 80%, por lo que hoy funciona en las instalaciones del Centro de Diagnóstico Terapéutico (CDT) y en un hospital de campaña donado por el gobierno Italiano, a tres kilómetros de distancia.

Ello dificulta las labores, pues los profesionales deben ir de un lugar a otro constantemente lo que “dispersa los grupos humanos y hace perder eficacia”. A eso se suma un fuerte déficit de cirujanos de urgencia, anestesistas y enfermeras.

Tampoco hay escáner por lo que se debe comprar el servicio a privados, hay pocos pabellones quirúrgicos y una deuda de casi 2 mil millones de pesos, por lo que muchos proveedores no les despachan los insumos necesarios para la operación lo que genera desabastecimiento de medicamentos, suero, antibióticos, etc.

El servicio de Urgencia funciona en un hacinado vestíbulo, dividido con paneles y con una mala ventilación. En Maternidad, las camas están a medio metro, no hay velador y los enseres de las pacientes se “guardan” debajo de las camas. Para los usuarios, esta es “una situación indigna y sin privacidad”.

Por eso la directora del hospital, Carolina Chacón Fernández, comenta que “el usuario olvida que hubo un terremoto y que tenemos sólo la mitad de nuestros pabellones. La comunidad nos exige y se nos hace muy difícil trabajar divididos y con un presupuesto que no es acorde a la complejidad post terremoto”.

También admite que el clima laboral interno no es el mejor, pues a las fuertes exigencias se agrega que “muchos sienten que no hay hospital por lo que la convivencia no es fácil. Hay un trabajo interno y externo que hacer. Pero hay que entender que estamos en emergencia y que nunca hemos bajado la cortina”.

Ello es ratificado por Marcia Alvarez, presidenta regional de Fenpruss. “Hay muchos conflictos entre el personal por las condiciones”, dice, pero agrega que “no tenemos reclamos para las autoridades locales porque han hecho lo que han podido. Están conscientes de los problemas”. En cambio, siente que las autoridades nacionales no se han puesto en el lugar de ellos.

Lamenta también que desde enero se esté aplicando un plan de restricciones en honorarios, personal y reducción en 40 por ciento de las horas extraordinarias, lo que genera problemas a los funcionarios que ven mermados sus ingresos y al servicio, puesto que el hospital sufre de una falta de personal crónica.

Para la doctora Chacón la gestión del hospital está bastante normalizada pese a la precariedad. Ello, aunque persiste un nudo crítico que es la falta de pabellones quirúrgicos. “Hay gente en carpas que no está en las mejores condiciones. Uno va a los 2 de la tarde y hace calor. No es lo ideal. Esta es la oportunidad para que el nuevo hospital salga lo antes posible”.

Las buenas noticias son que en mayo deberían estar listos dos modulares de 200 camas que permitirán subsanar transitoriamente una parte de los problemas que enfrentan hoy.

PARRAL en el suelo…y en carpa

Un poco más al sur, en el hospital de Parral recuerdan los buenos tiempos. El antiguo edificio que databa de 1924 se desplomó literalmente el 27/F. A tal punto que hubo que rescatar a los enfermos de entre los escombros. Lamentablemente, dos personas fallecieron. De ahí se trasladaron a una construcción un poco más nueva, donde funcionaba el policlínico ambulatorio.

De 94 camas de hospitalización quedaron habilitadas solamente 32. Tras adaptar instalaciones, utilizar algunos containers y recibir un módulo de la Camillian Task Force, además de un hospital de campaña donado por la Cruz Roja japonesa, lograron recuperar 84 camas.

Todas ellas están hoy ocupadas. Y la verdad es que efectivamente están utilizados hasta los más mínimos espacios. Camas en los pasillos, boxes, salas de descanso, salas de espera y otros puntos inimaginables aparecen colonizados.

Se perdieron unidades como Esterilización, Imagenología, Laboratorio y banco de Sangre.

Todas las actividades ambulatorias se fueron a la carpa y están funcionando con normalidad. Gran cantidad de equipos de refrigeración mantienen la temperatura medianamente aceptable. Incluso, riegan las carpas cada cierto tiempo para refrescar.

Han debido comprar servicios a privados y funcionar con algunas unidades en recintos arrendados.

Por estos días se inicia la construcción de un hospital modular que debería estar en funciones en mayo, justo antes del invierno. Paralelamente se han construido salas de espera, pasillos para unir instalaciones actuales y futuras, además de reponer parte de lo perdido.

CAUQUENES a toda marcha, tras plaga de ratones

En el Hospital San Juan de Dios de Cauquenes lo único que quedó en pie tras el terremoto fue una imagen del Sagrado Corazón de Jesús a tamaño natural que se encontraba a la subida de la escala que llevaba al segundo piso. Todo lo demás se cayó o hubo que demolerlo.

La Provincia de Cauquenes es una de las más pobres del país y el hospital es la mayor empresa de la zona con 300 funcionarios.

Según explica Enrique Bravo Lira, subdirector de operaciones, tras el colapso de la estructura que databa de 1947 los diversos servicios se acomodaron en otras dependencias, patios y estacionamientos.

A los pocos días llegaron dos módulos y un hospital de campaña del Ejército con 40 catres, además de otro módulo donado por el Camillian Task Force.

Pero, con el paso de los meses “apareció la contaminación de vectores (es decir ratas y otros) por lo que hubo que sacar estas carpas ya que los ratones corrían por encima de los pacientes”.

Ahora se están terminando de habilitar varios módulos mientras se construye el Hospital Modular que debe estar listo el 17 de mayo con 81 camas y 2 mil metros cuadrados a un costo de 2 mil millones de pesos.

Relatan que los pacientes son más tolerantes a las difíciles condiciones y que, además, la mayoría de los médicos son cauqueninos por lo que la gente los siente más cercanos.

CONSTITUCION: Polvo y olor a pintura entre los pacientes

Constitución fue una de las ciudades más afectadas por el terremoto y posterior tsunami. El hospital local resultó con daños y hoy está en plena fase de mejoramiento. La febril actividad de los maestros genera ruidos, polvo, olor a pintura y dificultades para el desplazamiento. Pero, en general, todos se arman de paciencia.

Curiosamente, una de las áreas más afectadas fue el archivo donde se cayeron los estantes con decenas de miles de fichas que hoy aparecen primorosamente ordenadas, pero que demandaron meses de paciente trabajo de clasificación.

Otro hecho insólito: a las pocas horas del sismo, “alguien” se llevó todas las píldoras anticonceptivas, todos los condones y todos los dispositivos intrauterinos…

RANCAGUA, tarea cumplida

En el Hospital de Rancagua todos miran hacia el oeste donde, tras unos árboles, se divisan las obras de construcción del nuevo edificio que va a estar listo en 2012 y que será el más moderno y ecológico del país.

Mientras tanto, siguen operando en los edificios que datan de la década de los 60 y que quedaron bastante dañados tras el terremoto donde perdieron el 30 por ciento de sus camas y la mitad de sus pabellones.

Tras un primer momento en que el heroísmo de sus funcionarios quedó demostrado cuando rescataron a los recién nacidos aún a riesgo de su propia seguridad, comenzó una periodo de febril actividad para recuperar las instalaciones dañadas.

Varios meses y 890 millones de pesos después, hoy está normalizada la totalidad de las operaciones. Incluso se aumentaron las prestaciones como egresos, cirugías, disminución de las listas de espera de 21 mil a 12 mil casos y baja de la deuda de 2 mil millones a cero.

CURICO: Los vestidores se convirtieron en boxes de urgencia y el baño en sala de yeso

Del antiguo Hospital de Curicó no queda nada, salvo un sitio eriazo donde dentro de poco se comenzará a construir un nuevo establecimiento.

Mientras tanto, todo funciona en un estrecho edificio del Centro Referencial de Salud (CRS) que ha debido ser adaptado con ingenio y buena voluntad por parte de pacientes, paramédicos y otros profesionales, pero que a todas luces es insuficiente e incómodo para atender las centenares de consultas que se reciben diariamente.

En Urgencia, los vestidores se convirtieron en boxes médicos, el gimnasio de kinesiología en sala de reanimación, los boxes en camas críticas y el baño en sala de yeso.

En otras áreas, delgadas cortinas y tabiques separan a los post operados que se encuentra en lo que fue un pasillo y sala de espera, los baños son compartidos ahora por hombres y mujeres e improvisadas salidas de emergencia completan un cuadro que está claramente
fuera de estándares.

Hasta 5 mujeres recién dadas a luz ocupan sucesivamente la misma cama durante el día en la sección Maternidad, emulando a las antiguas “camas calientes” de los trabajadores del carbón, sin ninguna privacidad.

Una matrona indica que “esto es súper agotador, no damos más, pero hay que seguir la pega, aunque hay que hacer lo mismo hasta 5 veces al día”.

Los pacientes del pensionado pagan para estar en un pasillo, mientras las camillas pasan con rapidez con los accidentados o pacientes críticos por el medio de la sala de espera donde se amontonan decenas de personas.

El comedor de los funcionarios es ahora el policlínico y el auditorio alberga a la dirección, la secretaría, contabilidad y otras oficinas administrativas.

Sustancias tóxicas

Esto no es todo.

El laboratorio clínico ocupa improvisadas instalaciones en un segundo piso donde una sala de descanso es ahora el banco de sangre y la bodega del “cachureo” es donde se toman los test de Elisa.

Por los pasillos se amontonan los bidones vacíos de formaldehido (conocido también como formol, formalina, metanal, etc.) sustancia muy volátil e inflamable que puede producir eczemas, dermatitis y otros problemas.

Este material se usa para fijar y conservar las muestras biológicas.

Las mismas biopsias que se ven almacenadas en los pasillos en cajitas de cartón, sin ninguna precaución.

Un especialista indica que tras el terremoto no hay ninguna empresa que se haga cargo de los residuos o sustancias tóxicas, por lo que éstos son guardados en bidones que cuando se llenan se dejan en “otro sitio”.

“Esto no resiste ningún análisis. No debería haber nada en los pasillos. Esto es una locura”, dice un médico que prefiere guardar el anonimato. Y agrega que “los médicos se van porque nadie quiere trabajar en condiciones tan extremas, especialmente ahora que se ha judicializado la salud. Nadie quiere arriesgarse a que por las malas condiciones de infraestructura le pueda caer una querella por algún error”.

Director del Hospital: “Esto ha sido una odisea”

Sin embargo, los pacientes no reclaman. Y están conscientes de que enfrentan las consecuencias de un terremoto.

“En verdad, este año ha sido una verdadera odisea. Esto ha sido terrible. Teníamos un buen hospital, con baja deuda y atractivo. De repente, todos nuestros proyectos se derrumbaron en una noche, en tres minutos nos quedamos sin hospital”, dice el director del Hospital de Curicó, Luis Alberto Rojas.

Explica que de las 360 camas que tenían, en un primer momento debieron implementar unas 30 “en condiciones no muy adecuadas. Todos hemos tenido que soportar las inclemencias. No teníamos hospital, pero tratamos de brindar la mejor atención que podíamos”, ratifica.

El doctor Rojas detalla las acciones que debieron desarrollar durante los últimos 11 meses como el apoyo del Ejército, la llegada de un hospital de campaña argentino, la ayuda de un grupo de empresarios curicanos que construyó un pabellón de 100 camas, el préstamo y posterior arriendo de una casa de ejercicios del Obispado de Talca y el envío de pacientes críticos a clínicas privadas, por las cuales hay que pagar.

Buscan reencantar al personal

Ahora están a punto de inaugurar un moderno módulo de 100 camas con instalaciones y equipamiento de última tecnología. Y para abril o mayo deberían tener habilitadas entre 280 y 300 camas “que no es lo óptimo, pero bastante mejor”.

Uno de los factores destacados en todo el proceso de habilitación del CRS y atención a los pacientes es “el sacrificio del personal que ha soportado condiciones muy precarias. Con todos los problemas que hemos tenido, sumando y restando su actitud es para sacarse el sombrero”.

Agrega que la falta de camas “es muy grave” lo que “trae la desmotivación de los profesionales” a tal punto que “debemos lamentar que varios profesionales médicos se han ido. Antes este hospital era un foco de atracción interesante. Hoy no es muy atractivo trabajar acá”.

Faltan anestesistas, otorrinos, cirujanos, oftalmólogos, radiólogos y enfermeras, y explica que están estimulando a médicos jóvenes a ir a trabajar a Curicó para revertir esta situación en unos 2 o 3 años. El mismo plazo en que espera que el nuevo hospital esté construido.

Foto: Hospital de Parral tras terremoto (no incluida en artículo original)

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