MUndo Rock: El nacimiento del épico Let There Be Rock

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El nacimiento del épico Let There Be Rock
Por
Jessel Rivera

Habría que ser el hombre más obtuso del infinito universo para no darse cuenta que los 70’ fueron los años más gloriosos del siempre ancestral Rock. Hablo de una etapa sumamente importante para la personalidad, y sobre todo evolución, de un estilo musical que ya pedía a gritos ser escuchado. Qué el demonio se haga presente, que la distorsión de las guitarras sea estridente, y que la rebeldía comience a rugir en su máxima expresión… pues es tiempo de recordar al revolucionario “Let There Be Rock” (versión internacional).

Los legendarios creadores de este colosal álbum fueron los inigualables australianos AC/DC, una de las bandas más insolentes y salvajes de la historia; los mismo que suelen ser catalogados, por muchos, como el verdadero “sinónimo del Rock”. Por allá en 1977, el vocalista Bon Scott, los guitarristas Angus y Malcolm Young, el bajista Mark Evans y el baterista Phil Rudd dieron vida a un proyecto único en su especie, único en su agresivo sonido y único en su arrasador éxito… sin duda, es el concebido fruto de la tan anhelada palabra creatividad.

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La banda nos abre las doradas puertas de su endemoniado estilo con “Go Down”, una canción morbosa, pero a la vez seductora, que podría sentenciarse como un notable himno a la adicción del sexo oral. Ahora ya saben “el porque” de los excitantes gemidos que Scott entona al unísono, mientras Angus le hace compañía con acalorados riffs. Podría decirse que “Dog Eat Dog” es la composición más simple del álbum que va serpenteando, por nuestros oídos, de manera seductora, y a través de una letra que plantea metafóricamente, al cotidiano vivir, con un lema que siempre se ha mantenido vigente: “el fuerte se come al más débil”. Me atrevería a insinuar que para resistir la embestida del siguiente clásico de clásicos se necesita un oído privilegiado, ya que el mítico “Let There Be Rock” es la obra más cruda de AC/DC… toda una odisea a la distorsión, con su toque ruidoso (pareciera ser eterno) que te logra estremecer hasta la maldita médula. Los instrumentos son verdaderos armamentos en guerra, dispuestos a todo para hacerte delirar con una historia que narra la creación del majestuoso Rock. Y el nivel sigue subiendo con el insolente “Bad Boy Boogie” que golpea con su monótona, pero electrizante, base rítmica. No puedo negar que esta es una de mis canciones favoritas, poseedora de una atrayente narración que cuenta el nacimiento de un “chico malo” (conociendo la vida de Scott, esto le cae como anillo al dedo) que llega al mundo cumpliendo la profecía del “séptimo hijo varón de un séptimo hijo varón”. La puesta en escena cabrona (o de hombrón) sigue manteniéndose intacta gracias a la directa furia de “Problem Child”, la misma que mantiene, en alto, el concepto de un tipo problemático que va sembrando el caos a su paso con la incontenible rebeldía de su carácter. El sonido es igual de adictivo junto a la inmortalidad de su constante coro… sin duda, todo un clásico. “Overdose” es Rockeramente dulce, con una voz reflexiva que pasa al segundo plano para susurrar la tristeza del desamor… haciendo una perfecta relación entre droga y mujer: “Tomé una sobredosis, una sobredosis de ti”. Otra de mis canciones favoritas es “Hell Ain’t a Bad Place to Be”, una verdadera sinfonía que ruge, melódicamente, con el delicioso sonido de las guitarras. Si tuviera que elegir la creatividad de alguna letra presente, sin pensarlo dos veces me quedaría con esta… pues tiene la popular esencia de la banda: el infierno latente, la seducción diabólica de la mujer, y el hombre que se impone como líder, pero que a la vez es sometido por los encantos del sexo opuesto. Y para el final no podía faltar la guinda de la torta, “Whole Lotta Rosie”. Estamos ante una canción brillante y legendaria que hace enorgullecer el desesperante talento de Angus Young, quien se luce en las seis cuerdas como todo un Dios de la guitarra. Su letra deja de lado todos los estereotipos de la “belleza universal”, para dar rienda suelta a la imagen de Rosie, una mujer común, que aunque destaca por su gordura, puede hacer de las suyas en la cama.

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En resumen, “Let There Be Rock”, posee todos los condimentos necesarios para haberse convertido en un verdadero monumento al Rock… hablo de ese que resplandece con creatividad, que golpea con su sonido insolente, que destruye las barreras de lo ya establecido y que se inmortaliza con la magistral pasión de sus creadores. Si eres un fanático de la música, en especial del Rock, te recomiendo escuchar a esta impresionante joyita, pues representa una época gloriosa que, lamentablemente, nunca más regresará. “AC/DC Y EL INFIERNO ES UN BUEN LUGAR PARA VIVIR”…

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Una respuesta a “MUndo Rock: El nacimiento del épico Let There Be Rock

  1. Daniel Arellano

    Es que estamos hablando de un gran disco, y de una gran banda. De AC/DC no hay nada que decir y el Let There Be Rock es un clásico del rock setentero, de esa musica inmortal que da gusto escuchar, entre medio de tanto flaitetón.
    Saludos

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