El Kiosco Sangriento: Condenado

El Kiosko Sangriento 8: Condenado
Por Doctor Blood

Los primeros días fueron un chiste: gestos obscenos, insultos, agarrones, y nadie te puede decir nada; inclusive me di el gusto un día de pasear desnudo a las 12 del día por la avenida principal…

El kioskero no acababa de salir de una cuando caía en otra. En el día en que más arreciaba la lluvia, a los estudiantes se les ocurrió hacer una marcha. Ahora tenía que lidiar con el agua de las goteras del techo del kiosko, y con la del carro lanza aguas. Y lo peor de todo era que llegando a su casa debería subir a su techo para tapar sus propias goteras y limpiar las canaletas que, tal como todos los años, había jurado destapar en verano. Antes de empezar su amarga tarea y se irse a su hogar a seguir pasándola mal, sacó su vieja revista negra a ver qué aventura le tenía deparada para esa tarde.

Condenado
 
Camino por las calles de la ciudad a vista de todos y sin que nadie me vea. Es interesante deambular por avenidas tan grandes, y con tanta gente, sabiendo que estoy aquí, sabiendo que todos saben que estoy entre ellos, pero sin que noten mi presencia.

Hubo un tiempo en que era distinto, en que era objeto de miradas y comentarios. De pronto, de un día a otro, mi vida dejó de ser atrayente, y fui desapareciendo de todos lados. Eso me llegó a cometer la locura que hice, que obviamente un juez catalogó como “delito”. Una vez supo mis motivaciones, dictó la más terrible sentencia para alguien como yo: aislamiento social. A algún loco se le ocurrió que ciertos crímenes podían ser purgados en la vía pública, pero con un tatuaje en la frente muy visible, que impedía que la gente se dirigiera al condenado. Por si acaso también insertan un chip muy ruidoso por si el tramposo quería burlar al sistema hablando con algún invidente…

Llevo dos años, 11 meses y 29 días de esta tortura, de esta muerte en vida. A veces creo que se me olvidó hablar, que ya no tengo voz, pero sé que no es así. Hubo instantes en que quise matarme, arrancarme el chip o quemarme la frente, pero no tuve el valor. Inclusive cuando me atropellaron hace un año, el equipo de urgencias no pudo hablarme; y una doctora que intentó burlar mi condena, fue despedida en el instante…

Llegó el ansiado día, al fin. El láser borra mi tatuaje y retiran el chip. Ya es tarde, así que viajo con rapidez a mi hogar. No aguanto las ganas que sea mañana. Ahora por fin, puede el mundo notar mi existencia, hablarme y escucharme.

Es raro, no siento nada especial. Sigo mi rutina matinal de costumbre; creo que hoy desayunaré afuera, estoy cansado del agua de café y las tostadas quemadas (en tres años no pude aprender a cocinar).

Me arreglo como siempre, y me acerco al café que visitaba antes de mi delito. Se acerca la dependiente y por fin, una voz luego de tres años se dirige a mí y me dice con dulzura (cada palabra hacia mi hoy es dulce):

-Buenos días señor, ¿le traigo la carta? – mientras sonríe al mirarme.

Y con todo el sentimiento guardado por tres años, pronuncio lo que tantas veces soñé pronunciar durante estos mil y tantos días de condena:

– ¡¡PÚDRETE!!

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8 Respuestas a “El Kiosco Sangriento: Condenado

  1. La verdad creo que más temprano que tarde puede que lleguemos al aislamiento social del cual es victima el protagonista de este cuento, con chips y tatuajes incluidos.
    Creme que yo no diría algo así como pudrete, creo que serian palabras peores, jaja.
    Saludos Blood

  2. claudia_azocar_3@yahoo.com

    siempre me dejas con un escalofrio en el alma
    un beso!!!

  3. ese Café que visitabas, no era El Escondido?

  4. Concuerdo con Daniel, el cuento creo que tiene mucho de previsor de lo que podría ser nuestra sociedad, me pregunto si acaso ya no, por ejemplo, la sociedad japonesa actual tiene la siguiente paradoja, repleta de gentes en la calle y en todos lados y sin embargo cada una de ellas mas sola que un clavo.
    saludos

  5. Ufffffffff!! Siempre intenso, mi Doc. Tú sabes que este es uno de mis cuentos favoritos, dice mucho del corazón (in)humano.

    En todo caso, no es pa´ná malo darse el gusto de pasearse en pelota al medio día, sin que nadie PUEDA decirte algo… Jajajjajjaaa!! Pagaría por poder ver eso!!!

    Y en cuanto al desahogo… qu+e genial poder tener una catarsis linguistica así, claro que lo MENOS que yo le hubiese dicho es “púdrete”… Ta claro!

    Un abrazo sangriento, mi Doc Dictador!!

    Icy

  6. Púdrete, es muy poco, definitivamente requiere una palabra o varias más fuertes.
    Igual buen relato, felicitaciones

  7. Claudia Canifru

    Un cuento maldito, de todas maneras. Lo que me pregunto yo que parte de su vida está en estas letras, doc. Todos sabemos que, de una u otra manera, lo que escribimos tiene algo nuestro.

    Saludos.

  8. Para algunos tipos de personalidades este tipo de condena es perfectamente una muerte en vida…

    Y quizá para otro tipo no les afecte mayormente (en una primera etapa, como queda claro en el relato).

    Saludos.

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