El Kiosco Sangriento: Renacer

 

Kiosko Sangriento 3: Renacer
Por Doctor Blood

Los cambios de temperatura tenían cansado y resfriado al kioskero. En la madrugada no más de 5 grados, y en la tarde sobre 30, a la sombra y fuera del pequeño kiosko. A las 3 de la tarde en esa caja de metal hacía más de 40 grados y las posibilidades de refrescarse eran mínimas. Con esa temperatura ambiental y su propia fiebre temía empezar a delirar, más aún después de haber leído el cuento que seguía en la revista del tal doctor Blood; si llegaba a soñar con ese cuento, realmente aprendería el significado de la palabra “pesadilla”…

Renacer

Hace tiempo que no hago esto. Ha pasado un tiempo largo desde mi última cacería. Ya creía que me había transformado en serpiente, comiendo una vez por mes… el asunto es que algo cambió mi forma de ver las cosas desde que pude ver a mis víctimas a plena luz de día. Antes eran sólo sombras y carne para mí, y no respetaba sexo ni edad (claro, los más jóvenes son más blandos y los más viejos más fáciles de matar…). Pero ahora que los vi en su entorno… estoy envejeciendo parece. Empiezo a añorar aquellos días en que tranquilamente cazaba 6 o 7 humanos, y salvo las ropas no dejaba despojos. La última vez que salí cacé apenas uno, y todavía me quedan remordimientos pensando en los miembros de su clan que quedaron solos (aunque igual estaba suculento…)

Escuché de algunos colegas más viejos y que ya habían pasado por esta experiencia, que la opción más plausible era empezar a seleccionar las presas. Unos se decidían por mujeres y niños por lo blando de la carne, otros por ancianos por la facilidad para cazarlos, los más por los llamados “vagabundos”, una raza al parecer sin clan y que no dejan a nadie sin sustento o solitarios si son faenados… dicen que esa es la opción que deja más tranquila a esa voz infernal que todavía nos invade y que algunos llaman “conciencia”…

Yo apelé a esta voz infernal para decidir mi nuevo menú: extrañamente la respuesta que obtuve fue, por decir lo menos, desconcertante… “¿Quién te dio el derecho de decidir quién vive o quién muere?, ¿Eres acaso algún tipo de deidad con el poder de la vida y la muerte en sus manos, o sólo un cazador?…” Para alguien que lleva siglos de siglos cazando humanos para sobrevivir es una visión incomprensible, más aún saliendo de mí mismo… Pero de pronto las cosas se aclararon un poco. Mis siglos de cacería han estado marcados por una línea conductual hasta ahora irrenunciable: el azar. Nunca me he fijado en mis víctimas, siempre era la presa más cercana o la más fácil de cazar según las circunstancias; de ese modo, eran “designios superiores” los que ponían esas víctimas en mi camino. Pero ahora, la situación ha cambiado, y debo ser yo quien decida.

Dándole vueltas a la situación, y algo presionado por la inanición, recordé una cualidad de mi raza y que casi tenemos en desuso, por su aparente inutilidad: si miramos la cabeza de los seres vivos, somos capaces de saber lo que están pensando. Si bien es cierto esto también genera cierto dilema, puede aclarar la situación. Si soy capaz de saber quién tiene una familia digna de ser mantenida y quién no, voy a tener una base para decidir. ¿Y qué pasa si todos piensan que su familia es digna?; tal vez podría ver si alguna de esas mentes está planeando algún crimen, así limpiaría un poco esta sociedad… ¿y luego ser el hazmerreír de mi raza, convirtiéndome en el paladín de los humanos? Si esto sigue así, bajaré rápida y ostensiblemente de peso…
Estoy entrando en crisis, ya no puedo seguir así, cada vez que paseo entre los humanos la decisión se hace más y más difícil, y mi peso más y más bajo; deberé optar por la solución más fácil, no tengo más alternativas: volveré a la noche. Nunca más salir de día, no más ver los ojos de mis víctimas, nunca más pensar, sólo matar y comer…

Mi nueva primera noche. Otra vez rodeado de penumbras. La oscuridad más profunda. El silencio más ensordecedor. Alguien viene. Me agazapo. Se siente su olor cada vez más cerca. Sus pasos ensordecen mis sensibles oídos. Salto sin mirar, atrapo sin considerar, mato sin sentir, como sin sufrir. Por lo poco que duró la comida supongo que era una cría, o una hembra pequeña. No me fijo en sus vestimentas, en realidad ya no me interesa. Ahí viene otro, sí, aún tengo hambre. Y este no viene solo, son 3. De nuevo agazaparme, otra vez funciona a la perfección, 2 de 3 no es malo.

Ahora sí, ya no tengo hambre.
Ahora sí, no necesito leer sus mentes.
Ahora sí, la voz infernal llamada conciencia desapareció.
Ahora sí, nuevamente y por fin, vuelvo a ser quien siempre fui, Blood…

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7 Respuestas a “El Kiosco Sangriento: Renacer

  1. Buen cuento. Me ha gustado esta especie de historias sobre el origen de Blood, y en este cuento, de como recuperó sus habituales ganas de sangre.
    Saludos

  2. Jaime Ceresa® ( Hoy - Premios Cero Aporte 2007 - No olvides Votar en La Página®)

    Que loca esta wea…a veces me imagino que algo de freaky puede correr por tu mente…y que algo de cierto puede haber…como el escritor mexicano que se comía sus víctimas.-

    Cuídate.-

  3. Será que Blood empezara a tener sentimientos? Se apoderará de él la conciencia?

    Haber leido tu novela “Historia de Sangre” me hace entender de manera mas facil estos cuentos cortos. Antes me dedicaba a buscar la metafora y el mensaje oculto en cada uno de los cuentos. Ahora no, ahora entiendo que cada uno es un eslabon mas de una gran historia.

    Un beso.

    p.d. recomiendo leer la novela de Blood, es excelente.

  4. Me gustó! Es como si la bestia también tuviese su lucha interna entre volverse sensible (paladín de los humanos) a riesgo de perder la vida o silenciar a su conciencia y volver al origen para seguir viviendo… No hay caso, tal como el escorpión, no se puede ir contra natura, uno es lo que es y punto!

    Besitos de aquellos, Doc!

  5. No te preocupes Chere, tengo colon irritable así que mi régimen es bastante balanceado: mitad rubias, mitad morenas…

    Saludos sangrientos

    Blood

  6. No sería mala idea limpiar esta desagradable sociedad de esta manera, además de librarnos de aquellos “cerdos que no dan manteca” se puede alimentar a alguien que puede tener más conciencia que sus presas

    Saludos, muy buena historia

  7. Mary Lovecraft

    Totalmente de acuerdo con Icy.
    Buen autorretrato querido hermanito de sangre…

    por cierto, creo que no me libro de tu menú, suerte de no ser pelirroja 😉

    besos,
    Mary desde el Averno.

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