
Apostando por lo obsoleto
Por Sergio Villegas
Sorprende la liviandad, y por momentos la arrogancia, con la que la lobbycracia nuclear en Chile esgrime argumentos contra una realidad que le incomoda.
Pocas horas después de que durante el noticiario matutino en canal 13 un experto opinara que la radiación en Fukushima no debiera alcanzar niveles críticos, en Tokio el director de la planta nuclear, Akio Komiri, estallaba en llanto después de admitir que “la radiación podría ser mortal para muchos ciudadanos”. Y mientras en otro canal otro experto recomendaba no sobrereaccionar por lo que acontecía en la planta nuclear, la comunidad internacional, incluyendo Chile, llamaban a sus ciudadanos residentes en Tokio a abandonar la ciudad.
El 11 de Marzo, luego de que se informara de los primeros indicios de que algo ocurría en la planta nuclear de Fukushima, el ministro Laurence Golborne comunicaba en su Twitter: “Energía nuclear: Tranquilos. No exageremos ni hablemos sin información valida. Sugiero aprender de las experiencias y luego sacar conclusiones”.
Días después, cuando ya era evidente que nada había sido una exageración, el ministro insistía con: “…habrá que aprender de esta experiencia”. Es una frase común en la industria de la energía nuclear, que debe explicar y comentar diariamente algún “incidente”, mayor o menor, en alguna de sus plantas alrededor del mundo. Pero ahí queda la pregunta que se hacen cada vez más ciudadanos: ¿Qué tan segura puede ser una tecnología que se nutre de sus catástrofes para mejorar y aprender?
Se nos dice que Chile, para llegar al desarrollo y para crecer y lograr bienestar para todos, requiere de más energía. Está bien que anhelemos crecimiento y bienestar, pero no debemos dejarnos embriagar ni cegar por estos anhelos. Un paso esencial en esto es evitar los errores cometidos en el pasado por los países hoy desarrollados. Es evidente que gran parte de estos países – algunos disimuladamente, otros abiertamente – han encontrado y fomentado nuevas opciones para sus matrices energéticas y que gradualmente reemplazaran sus plantas nucleares por otras alternativas. Así, por ejemplo, los europeos han dejado de construir una cantidad suficiente de reactores nucleares, apostando por otras fuentes energéticas que les permitan reemplazar la potencia de los actuales, los cuales quedarán obsoletos a más tardar en unos 20 años.
Por otro lado, en California (USA) se construye desde el año 2010 la mayor planta termosolar del mundo que comenzará a generar, a comienzos del 2013, alrededor de 1000 megavatios, es decir, una potencia equivalente a la que genera un reactor nuclear. La energía termosolar es justamente uno de los ejemplos hacia donde debería apuntar nuestra política energética, tomando en cuenta nuestra privilegiada geografía. Los desiertos reciben del sol en 6 horas más energía que la que la humanidad necesita en todo un año. Es una fuente potente, inagotable, limpia y nos independiza de costosos combustibles externos. La capacidad técnica para aprovechar esta energía ya existe desde hace muchos años, pero su aplicación se postergó por los intereses de la industria petrolera y nuclear. Son muchos los científicos que manifiestan que en el tema energético el futuro le pertenece al sol. Cabe destacar aquí el planteamiento del Senador PRSD por Antofagasta, José Antonio Gómez: “El país debe proyectar una matriz energética cuyo rol preponderante sea el potencial solar de la segunda región…Los expertos dicen que con sólo el 1% de la superficie del desierto de Atacama para energía solar, se podría generar más electricidad que el estimado para HidroAysén. Ralco, por ejemplo, posee una potencia de 690 MW y lo que se podría producir con el 1% de la superficie del desierto, que se extiende por la II y III regiones, son 3.000 megawatts”
Si hablamos de futuro entonces no podemos optar por una fuente energética cuyo combustible, el Uranio, se acabará en alrededor de 50 años manteniendo las plantas hoy existentes. El Torio, elemento que supuestamente podría reemplazar al Uranio, ya ha sido descartado por países como Alemania y Noruega (siendo este último uno de los países con las mayores reservas de este elemento) después de décadas de estudios, desarrollos e investigaciones. La energía nuclear es una opción obsoleta y hace rato que perdió su luz desarrollista y vanguardista. La huella radiactiva y contaminante de sus desechos la heredarán cientos de generaciones a futuro.
¿Y Cómo va el futuro en Chile?. Nuestro ministro estrella, Laurence Golborne, tiene todo bajo control. Acaba de gestionar dos tratados de cooperación e investigación en el tema de energía nuclear con Francia y EEUU. Ambos países son los casi exclusivos vendedores de tecnología nuclear. Ante los cuestionamientos y el escenario que provocó Fukushima, el ministro señaló: “el tema nuclear es un tema para el cual el país tiene que estar preparado en materia técnica, pero también en materia regulatoria. No es llegar y mañana instalar una planta nuclear aquí en Chile, porque no existe la institucionalidad legal de seguimiento y control de una inversión de esta naturaleza”.
O sea, para el ministro es simplemente un tema técnico y legal. Se suma a esto la intención del gobierno de enviar al parlamento durante el segundo semestre de este año un proyecto de ley para regular y fiscalizar el desarrollo de la energía nuclear en Chile. No hay ninguna intención de discutir en primer lugar si el país quiere o necesita optar por esta tecnología.
No seamos ingenuos: Aquí de lo único que se trata es de negocios. Tanto el presidente Piñera como el ministro Golborne llevan en su ADN el espíritu empresarial chileno. El problema es que, como todos sabemos, el espíritu empresarial chileno es cortoplacista, por lo que es el menos adecuado para tomar decisiones tan estratégicas sobre el futuro.