Los Vinilos
Por Sabina Atalaski
Las cosas antiguas tienen su tremendo encanto. Lo raro es que cuando eran nuevas, nosotros (la mayoría) andábamos con ellas a las patadas… bueno, o algo así, si me entienden. Lo que pasa es que cuando estamos usando las cosas en nuestro tiempo actual, son normales. Pero cuando han pasado 30 años y las vuelves a ver, se ven maravillosas.
Eso nos pasó a mi hija y a mi hoy. Fuimos a la calle San Diego, y entramos a una tienda de discos de vinilo. Yo entré más siguiendo a la Heredera que por motu proprio, porque ella ralla la papa con las cosas viejas. Y empezó a bucear entre todas esas carátulas maravillosas y con olor a antiguo.
En mi casa, cuando yo era niña, había un equipo, de aquellos que en ese entonces llamábamos 3 en 1. Y recuerdo que mi papá tenía varios discos de vinilo. Yo tenía uno solo y era mi regalón: El disco de “Topo Gigio“, donde cantaba la ya archirecontraultramega repetida: “… hasta mañana si Dios quiere, que descansen bien…”.
Tener un tocadiscos en la casa requería una habilidad especial, si no le achuntabai a las rayitas medio a medio, corrías el riesgo de hacerca un disco. Cuando los cassettes empezaron a ganar terreno y los discos pasaron a mejor vida, lo entretenido era tirarlos por los aires, girando como sopaipillas gigantes.
El señor de la tienda de discos de vinilo que conocimos hoy, tenía la mansa ni que colección de Los Beatles. Nos mostró uno que tenía a la venta y que valía bastante más que un sueldo mínimo y que yo pensé que quizás en cuántas casas pudo estar arrumbado junto con otros hace 30 años atrás. Estuve averiguando y los vinilos aparecieron más o menos en los años 40, pero se hicieron más populares a partir de los 60´s.
Finalmente a la Heredera le compramos dos discos de los chiquitos (el presupuesto era reducido, pero pa empezar la colección estaba bien)… y la promesa de comprarle un tocadiscos si se saca buenas notas.
Es bueno revisar dentro de los cachureos de las casas de nuestros padres y abuelos… están llenos de tesoros… de cosas con las cuales andábamos a las patadas hace 30 años. Ni que decir cuántos cassettes tengo aún guardados y que he pensado botar mil veces…. pero si en 30 años más van a ser tan lindos como los vinilos…. mejor los guardo.





